miércoles, 7 de julio de 2010

El cóndor pasa



Cabanaconde, 7 de julio de 2010 (referencia: partido Alemania-España)

Después de pasar por Arequipa, una ciudad notable pero que carece del encanto de Cusco, me dirigí a Cabanaconde, un pueblecito a 6 horas de distancia en bus por una carretera infernal. El principal atractivo de Cabanaconde es ser una de las entradas al Cañón del Colca (el más grande del mundo, doblando la altura del celebérrimo Cañón del Colorado).
Pero yo no fui allí para hacer trekking, sino porque el Cañón es el mejor lugar para contemplar el vuelo del ave más grande del planeta, el cóndor, que llega a medir 3,5 metros de envergadura con las alas extendidas.
Ante la vista de un cóndor en vuelo, es fácil entender por qué los incas, entre otros pueblos, consideraban que este era un animal inmortal en contacto directo con los dioses, y lo veneraban como un ave sagrada.
Con sus alas desplegadas, elevándose sin hacer el más mínimo esfuerzo y utilizando únicamente las corrientes ascendentes de aire cálido, con las que puede alcanzar los 7.000 metros de altitud, el cóndor deja por momentos de ser un ave para convertirse en el señor de los cielos, un verdadero rey del aire.

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